Kilómetros compartidos: nuestra forma de querernos.🚲

Esta vez no salimos buscando una gran aventura, salimos buscando algo mucho más importante: tiempo juntos.

Cargamos las alforjas en las bicis, cerramos la puerta de casa en Soria y pusimos rumbo a La Vid, en la provincia de Burgos. El plan era sencillo sobre el papel: 116 kilómetros de bikepacking hasta el Hotel Lagar de Isilla para disfrutar de una noche especial con visita a bodega, cata de vinos, spa y cena.


1. Alforjas y complicidad.

Hay muchas maneras de celebrar el amor. La nuestra suele empezar inflando ruedas.

Para el cumple de Sergio en mayo de 2023 le regalé una experiencia en el Lagar de Isilla. Un regalo de esos que son recíprocos, de los que disfrutan dos personas (y que, seamos sinceros, son los mejores).

Compartir kilómetros en pareja tiene algo que no se puede explicar del todo. Las conversaciones sin distracciones, el mirarnos y saber que estamos exactamente donde queremos estar.

Nuestra forma de viajar es así: ligera, con lo justo, sintiendo el territorio.


2. Ruta bikepacking: de Soria a La Vid (116 km muy disfrutones)

La escapada fue un plan perfecto para gravel:
📍 116 km
📈 556 m+
🛤️ Terreno muy rodador y amable

Aunque la cifra pueda parecer larga, es una ruta muy llevadera. El desnivel es suave y las pistas son cómodas, sin zonas técnicas ni complicaciones. Ideal para una escapada sobre ruedas.

Salimos de Soria y cogimos la vía verde dirección Golmayo rodamos varios caminos hasta llegar a Villaciervitos. Desde allí enlazamos con la senda de la vía romana, que nos regaló uno de los tramos más bonitos del recorrido.

Paramos a almorzar en la Venta Nueva donde la variedad de almuerzos son espectaculares y sus torreznos un reclamo de parada obligatoria. Rodamos hasta Rioseco de Soria, visitamos la Villa Romana de Los Quintanares (un yacimiento que sorprende por su conservación y su historia ligada al mundo rural romano) y el impresionante Cañón de Boos, con los buitres planeando sobre nosotros. Seguimos atravesando pequeños pueblos y campos abiertos hasta llegar a Valdenebro y rodar por El Burgo de Osma.

En San Esteban de Gormaz hicimos parada larga: pinchos y visita a unos amigos. Desde allí el terreno se suaviza todavía más. Pasamos por Langa y fuimos avanzando entre viñedos hasta poner rumbo definitivo a La Vid.

Llegamos sobre las cuatro de la tarde. Y ahí empezó la parte más intensa del plan.

Un consejo importante: lo ideal es hacer ida y vuelta por el mismo track. Nosotros continuamos hasta Salas de los Infantes y las Lagunas de Neila al día siguiente porque coincidía con la Vuelta Ciclista Femenina (terminaban etapa allí, queríamos verlo y unos amigos venían a buscarnos). Eso hizo que en el hotel todo fuera un poco encadenado y no tan pausado como nos habría gustado.

Si repetimos — que repetiremos — volveremos por el mismo camino para disfrutar más del descanso.

Os compartimos el track: https://www.strava.com/activities/9106919268


3. Experiencia top en el hotel Lagar de Isilla.

El destino era el Hotel Lagar de Isilla, en La Vid (Burgos), un alojamiento completamente temático en torno al vino.

Nada más llegar entendimos que no es un hotel convencional.

Cada habitación es distinta y está relacionada con el mundo vinícola. Elementos decorativos hechos con botellas, detalles en los baños, guiños constantes al vino en cada rincón… Es de esos sitios que no te dejan indiferente. No vamos a desvelar demasiado porque parte de la experiencia es descubrirlo.

Dentro del pack teníamos:

🍷 Cata de vinos
🍇 Visita a la bodega
🧖 Spa
🍽️ Cena degustación

La enóloga nos guió en una cata de vinos propios de la casa, desde blanco hasta tinto, acompañados de diferentes tapas para maridar. Nos explicó procesos, historia y matices. Fue cercana, didáctica y muy recomendable si te gusta el vino o simplemente quieres vivir algo diferente.

Después visitamos la bodega, de nueva creación pero con vinos muy interesantes y con un proyecto potente detrás.

El spa también sigue la línea temática del vino, con un ambiente muy agradable para relajar las piernas tras 116 kilómetros.

Y la cena… espectacular. En nuestro caso era menú degustación, pero el restaurante también ofrece carta y opción más informal de tapeo en barra. El espacio está dividido en varias zonas y la atención del equipo fue excelente. Calidad-precio muy buena incluso si solo decides parar a comer.

Os dejamos toda la info del hotel aquí: https://www.lagarisilla.es/


A veces pensamos que viajar en bici es solo sumar kilómetros, desniveles o destinos nuevos… pero en realidad es algo mucho más sencillo. Es regalarnos tiempo.

Esta escapada nos recordó que cuidarse también es eso: parar cuando apetece, dormir bien, darse un pequeño capricho y disfrutar del camino sin sentir que siempre hay que demostrar algo. Y sí, a veces elegir un buen lugar donde llegar forma parte del viaje.

Nunca hemos sido mucho de celebrar fechas marcadas en el calendario. Nuestro San Valentín no entiende de días concretos ni de regalos envueltos.

Porque al final viajar juntos, pedalear juntos y elegir seguir compartiendo caminos… también es una forma de quererse y eso si que es un gran regalo.


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